El pueblo de San Lorenzo esperaba un partido así y el equipo esta vez le respondió satisfactoriamente en un clásico y nada menos que para acercarse a la punta y estirar la paternidad sobre Boca. Era la oportunidad que tenían los jugadores como para reivindicarse de la derrota ante Arsenal en la final perdida de la Copa Argentina. Y los jugadores así también lo entendieron, pudiendo plasmarlo en la cancha, ya que en el juego el Ciclón fue superior a Boca durante todo el primer tiempo y gran parte del segundo y además lo justificaron en el resultado.
El festejo de los jugadores después de finalizado el partido lo dijo todo, fue la muestra evidente de la necesidad que tenían de celebrar un triunfo importante en grupo, sobre el césped del Nuevo Gasómetro y ante unas tribunas que con cuarenta mil almas azulgrana aguardaban algo por el estilo y se mofaban del rival cantando "equipo chico la c... de tu madre".
Durante todo el partido, los cuervos alentaron permanentemente al equipo. Al tiempo que en el rectángulo de juego los jugadores desplegaban un ritmo infernal para reducir a Boca a la mínima expresión futbolística, en las populares y en las plateas la fiesta era roja y azul. Incluso, en uno de los momentos más complicados del partido para San Lorenzo, cuando Agustín Orión le atajó el penal al Pipi Romagnoli tampoco aparecieron los reproches, que en otras ocasiones se hacían oír.
Ilusionados con la producción colectiva e individual del equipo de Juan Antonio Pizzi, los sanlorencistas hacían retumbar su voz a coro. esperando con ansias que la pelota impulsada por alguno de sus jugadores besara la red del arco boquense. Y para estallar en el grito sagrado los cuervos tuvieron que esperar hasta el minuto y cuarenta segundos de la etapa de complemento, de ahí en adelante la ansiedad estuvo dada por la llegada del segundo gol que les diera la tranquilidad de gozar un resultado más abultado.
Pero ese segundo tanto para asegurar la victoria no llegaba, los contragolpes se sucedían pero Piatti, Correa y Villalba desperdiciaban una y otra chance. Y para colmo a falta de un minuto Delfino le cobró penal a Gentiletti sobre Erbes y esa alegría se transformó de improviso en angustia hasta que las manos de Sebastián Torrico desviaron sobre su derecha el tiro desde los doce pasos de Chiqui Pérez.
Fue entonces cuando el Nuevo Gasómetro explotó de nuevo y hasta el pitazo final el festejo tuvo un solo dueño: San Lorenzo.