Que los hinchas de San Lorenzo no saben de imposibles, no es nada
nuevo. Cada vez que el club necesitó de ellos ellos dijeron presente y fue así
como hace un año atrás 110 mil cuervos se autoconvocaron en la Plaza de Mayo para
reclamar por la Vuelta
del Gasómetro a Boedo.
De
todas las marchas que hubo con ese fin, la del 8 de marzo de 2012 fue la de
mayor convocatoria, fue multitudinaria, fue inolvidable. A tal punto que
durante las últimas horas de aquel día el centro de Buenos Aires, por no decir
toda la ciudad, se tiñó de azulgrana acudiendo sus fieles a la cita con la fe
que mueve montañas o en este caso supermercados.
La
situación deportiva no era la mejor, desde el punto de vista institucional las
cosas no andaban mejor que adentro de la cancha. Pero con esa convicción que
los sanlorencistas han puesto de manifiesto más de una vez arriesgando hasta la
vida por los colores de este amor, fueron copando la Plaza que esta vez dejó
los colores patrios de lado para vestirse orgullosamente de azul y rojo.
Es
que la ocasión lo ameritaba, a San Lorenzo lo estaba llamando el barrio para
que pudiera recuperar el pasado, para que la historia una vez más señalara el
camino al futuro. Y con el empeño de toda la gran nación azulgrana el objetivo
no podía ser otro más que recuperar aquellos recuerdos guardados en la memoria
del sanlorencismo colectivo, como si fuera el patio de la casa paterna donde los
abuelos, los padres y los tíos se sentaban en ronda a contarles a los más
pequeños las jugadas más hermosas y los goles nunca olvidados ocurridos en
aquel inigualable estadio de hierro y madera ubicado con el frente en avenida La
Plata entre Las Casas e Inclán con fondo en José Marmol.
Y
la fidelidad de tantos hinchas no podía ser defraudada. La ley de Restitución
Histórica para San Lorenzo finalmente fue aprobada por unanimidad en la
Legislatura porteña el 15 de noviembre pasado gracias a la gesta del pueblo
azulgrana. Así la meta se alcanzó y aunque Boedo siempre estuvo cerca hoy más
que nunca espera con los brazos abiertos el regreso de San Lorenzo, su hijo pródigo para que fusionados vuelvan a ser sinónimo uno del otro.
